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El cantar de las sirenas, 2020

Instalación. 43 retratos.

Acrílico sobre tela.

Medidas variables.

"El cantar de las sirenas" reúne dos obras de Valentina López Aldao para ser leídas en conjunto. En ambas, las formas creadas en una paleta que caracteriza su obra se organizan como reconocibles rostros humanos - o humanoides -. Hay, sin embargo, un clara diferencia en cómo son presentados en el espacio.

 

En la primera, la multitud en su conjunto es representada como una marea humana en la que las figuras se pierden en la lejanía; es su lugar dentro del conjunto lo que nos permite darles un sentido a esas formas. Por otro lado, la artista nos presenta en formato de instalación las figuras de forma individual, y nos enfrentamos entonces a distinguir qué permanece de su humanidad tras la abstracción de esos rasgos, ¿cuál es el límite de nuestra capacidad de reconocimiento?

 

Para la creación de estas piezas, la artista se basó en el registro fotográfico de soldados e inmigrantes de la primera guerra mundial. La guerra (aquí en el sentido más general del término), como describe Foucault en "El sujeto y el poder", opera como uno de los medios del ejercicio de poder y control. La multitud se transforma en fuerza movilizada por la estructura de poder en el contexto bélico, para ejercer el control sobre los cuerpos de las personas, su salud, su vida y su muerte. ¿Qué permanece de su humanidad?

 

El nombre de la obra alude a aquel pasaje de la Odisea donde el héroe helénico es capaz de burlar el encanto de las sirenas, y cumplir su voluntad de retornar a Ítaca, el hogar. Lejos de la imagen romantizada que predomina actualmente, en la antigüedad estas criaturas mitológicas estaban estrechamente vinculadas con el Hades, el mundo de los muertos. Criaturas poderosas, que a través de un mensaje irresistible, conducían a los viajeros a un destino mortal.

 

Jimena Freire Neme

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El cantar de las sirenas, 2020

Acrílico sobre tela.

80x80 cm.

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El cantar de las sirenas, 2020

Acrílico sobre tela.

Políptico

¿No se notó acaso que la gente volvía enmudecida del campo de batalla? En lugar de retornar más ricos en experiencias comunicables, volvían empobrecidos. (...) Una generación (...) se encontró súbitamente a la intemperie, en un paisaje en que nada había quedado incambiado a excepción de las nubes. Entre ellas, rodeado por un campo de fuerza de corrientes devastadoras y explosiones, se encontraba el minúsculo y quebradizo cuerpo humano.

Walter Benjamin, El narrador, 1936

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El cantar de las sirenas, 2020

Acrílico sobre tela.

80x120 cm.